Tom Sachs: Boombox Retrospective, 1999–2016 @ Brooklyn Museum

APRIL 21–AUGUST 14, 2016

Martha A. and Robert S. Rubin Pavilion, 1st Floor

Inside the Rubin Pavilion I saw families, groups of friends, and children walking cautiously around boom boxes varying in sizes and color. There was a faint whisper of music. I opened the museum doors and was surprised to hear music blaring loud enough to propel me around the exhibition.

Questlove walked on stage with Rujeko Hockley, assistant curator at the Brooklyn Museum and Ph.d. candidate at the University of California, San Diego, contemporary artist Tom Sachs, and activist Tom Healy. They took their seats and smiled out at the audience. Intent burrowed eyebrows filled the room as the discussion transitioned from thoughts on Questlove and Tom Sach’s creative process, productivity, “post-partum production” depression, to staying authentic, and even last meals. I did not see one person in the audience on their smart phone, a contemporary signifier of devoted interest.

When asked about his process, Questlove confessed to an intense research session right before a DJ gig. At the ‘Hamilton’ after party in Central park, he played 386 songs in 6 hours. Song requests are often ignored, but he gave in to Lin Manuel Miranda’s request for Big Pun. The modern DJ myth is that anyone with a laptop and auxiliary cable can be one. A strong work ethic, skill, and hours of preparation are not assumed. Tom Sachs chimed in saying he doesn’t like the title “DJ,” he prefers the word “selector,” and perhaps that is a more appropriate word as it implies intention. DJing goes beyond clicking shuffle and being at the mercy of a music library. In a well-researched set, the songs are mixed to design a wormhole where time is fallacy and listeners surrender to the moment.

It was an enchanting evening at the Brooklyn Museum. The open discussion encouraged unfiltered creativity, persistence, and resilience in the face of rejection. Sachs constructs familiar objects at a distance but upon close inspection you’ll find unexpected features like horns protruding out of the sides of a boom box, a sword for an antenna, and an umbrella attached to a turntable. Sachs forces the viewer to wonder about process, reminds you that these objects were made by human hands through their imperfections. This is a product of nostalgia for objects that were once ubiquitous and desire to build connection across generations. It does not require explanation, Sachs gives us something we can feel.

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Dentro del Pabellón Rubin vi a familias, grupos de amigos y niños caminando cautelosamente alrededor de estos radios portátiles -de esos que el rap hizo famosos en los años ochenta- que variaban en tamaño y color. Había un ligero susurro de música. Abrí las puertas del museo y fui sorprendida al escuchar esta música a todo volumen que me impulsaba alrededor de la exhibición.

Questlove subió a la tarima con Rujeko Hockley, asistente comisaria artística en el Museo de Brooklyn y candidata a un Ph.d. en la Universidad de California, San Diego; artista contemporáneo Tom Sachs y activista Tom Healy. Tomaron sus asientos y le sonrieron al público. Cejas fruncidas de atención llenaron la sala mientras la discusión pasaba entre ideas como el proceso creativo de Questlove y Tom Sachs, productividad, la depresión en la “producción post-parto”, a cómo mantenerse auténtico, y hasta últimas cenas. No vi a una persona de la audiencia mirando su celular, una señal contemporánea de verdadero interés.

Cuando le preguntaron sobre su proceso, Questlove confesó que embarcaba en una intensa sesión de investigación musical. En el “after party” de Hamilton en Central Park él tocó 386 canciones en 6 horas. A menudo se ignoran las solicitudes de canciones, pero sucumbió ante la solicitud de Lin Manuel Miranda de que tocará a Big Pun. El mito moderno del DJ es que cualquier poseedor de una laptop y un cable auxiliar puede serlo. No se asume una fuerte ética laboral, destreza y horas de preparación. Tom Sachs agregó que a él no le gusta el título de “DJ”, él prefiere la palabra “seleccionador”, y quizás esa sea una palabra más apropiada ya que implica tener una intención en mente. Ser DJ va más allá que dándole clic a barajar y estar a la merced de una biblioteca musical. En una colección bien rebuscada y estudiada las canciones son mezcladas para diseñar una especie de agujero de gusano, donde el tiempo es inexacto y los oyentes se entregan al momento.

Fue una tarde encantadora en el Museo de Brooklyn. La discusión abierta fomentaba la creatividad sin filtro, persistencia y la intransigencia frente al rechazo. Sachs, a distancia, construye objetos familiares pero ante inspección encontrarás detalles como cuernos sobresaliendo de los lados de radios, espadas empleadas como antenas y sombrillas atadas a una mesa giratoria. Sachs obliga al observador a contemplar sobre el proceso, te recuerda que estos objetos fueron hechos con manos humanas mediante sus desperfectos. Este es un producto de la nostalgia hacia objetos que una vez fueron ubicuos y el deseo de crear una conexión que atraviese generaciones; Sachs nos entrega algo que podemos palpar.